lunes, 2 de mayo de 2016

La leyenda del pirata chilote Pedro Ñancúpel.

Lugar: Chiloé

Chiloé

Chilote nacido en Terao, hoy en la costa este de Chonchi, trabajó a la edad de veinte años en el negocio de las pieles junto a sus hermanos y era cazador de lobos marinos y gatos de mar, para después trabajar en la explotación del Ciprés de las Guaytecas, donde fuera hachero.  De la noche a la mañana se cuenta que se dedicó a la piratería uniéndose a la banda de "los Nahuelhuén". Los que hicieron desaparecer naves chilenas y extranjeras junto con el asesinato de sus tripulaciones.


El modo de operar de la banda consistía en perforar el casco de las embarcaciones y abordarlas mientras se hundían.

 Este pirata en alguna oportunidad hundió "barcos de franquía", esto significaba que eran atacados barcos extranjeros  que  tenían paso franco por estos mares, cuando el canal de Panamá aún no existía. Pero lo más que atacaba era a las chalupas cuyos patrones pagaban muy mal el trabajo de los chilotes, les robaban o sencillamente los engañaban. Un par de cementerios por muertes masivas en la zona del Baker (la Isla de los Muertos) dan testimonio de la crueldad de esos tiempos.

Cuando es capturado este pirata en Melinka ya era una leyenda,  porque había evadido la persecución muchas veces y había desaparecido, después de muchos asesinatos en las islas Guaytecas, durante la segunda mitad del siglo XIX.

De allí que su apresamiento en la ciudad de Castro, durante dos años, abre el apetito y la megalomanía de la prensa chilota y lo elevan a dimensiones de leyenda.

El pueblo busca el milagro. Así se urde la esperanza: "Se esperaba un indulto, porque un hombre que había matado a 99 era un valiente. Se dice que el indulto llegó tarde, dicen los cuentos, que llegó cinco minutos después que lo habían fusilado".

El episodio de la cárcel en Castro es uno de los más informados y está lleno de antecedentes respecto a cómo se van construyendo las mentalidades del pueblo chilote a fines del siglo XIX.

Paisaje de islas Guaytecas.

Un cronista de "El Archipiélago", periódico de Castro, ya cuestiona la pena de muerte, el 11 de noviembre de 1888: "i sobre cuya legitimidad o el derecho que la sociedad tenga de imponerla."

Su fusilamiento debió ser postergado hasta que una parturienta que vivía en las inmediaciones de la cárcel, diera a luz.

Pabla Ñancalahuén, su mujer, retira el cuerpo del fusilado con una carretilla desde el sitio de la ejecución.

"Se sepultó sin entierro el cadáver de Pedro María Ñancúpel, casado con Pabla Ñancalahuén, fallecido ayer a la edad de 51 años.., se confesó y recibió los Santos Auxilios."

Tal vez Ñancúpel fue sólo un pirata, un cuatrero de los mares chilotes. Pero su actitud de rebeldía contra "los poderosos" lo muestran a los ojos de los humildes y explotados de su época como un hombre distinto a los de su estirpe y sus acciones delictuales se justificaban moralmente y totalmente, porque lo hacía como un “Robin Hood”, el que repartía parte de su botín entre los más pobres y a raíz de ello decían que lo cometido por él no podía ser delito.

Esa lucidez la obtiene Ñancúpel en la cárcel, cuando tiene conciencia de su muerte, él decía que su destino que iba a ser trágico, se debía a que había nacido un día martes. Hubo coros el día de su muerte y todo el pueblo supo cuál sería su final. Y al igual que la tragedia de Esquilo, será ese coro el que anunciará la muerte de Ñancúpel para transformarlo en héroe, en mito y en leyenda histórica".




Recopilación escrita por: Alejandro Glade R.

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