jueves, 23 de julio de 2015

La leyenda de la piedra de la iglesia

Piedra de la iglesia, Constitución
Lugar: Constitución, región de Maule

Se cuenta que, hace mucho tiempo don Pedro iba navegando, por las costas maulinas acompañado de un joven muchacho, cerca de la Piedra de la Iglesia: a este navegante  le llamó la atención una hilera de figuras cubiertas de blanco, todas con una luz encendida; iban en una  procesión, hacia la piedra de la iglesia. Alarmado don Pedro alertó a su acompañante.

- ¡Juan, mira! ¿Vez lo que veo?   El muchacho guardó silencio y observó atentamente lo que sucedía a lo lejos, y luego dijo. Son unas luces encendidas, ¡No!  Dijo don Pedro.

¡Parece que es una procesión de animas!…

Fotografía desde el interior

¿Hacia dónde irán?... Se preguntó la pareja de pescadores.

Don Pedro y el muchacho asombrados observan la marcha, llenos de pavor, quedaron  paralizados mirando esto tan extraño que les estaba sucediendo, aquello parecía una procesión de luciérnagas, que se desplazaban lentamente por la orilla del mar,  dirigiéndose hacia la piedra de la iglesia. 

Una hilera fantasmagórica de imágenes comenzaba a llegar hasta la roca y empezaba a entrar en su interior, la inmensa mole de piedra, se iba iluminando como si se tratara de una gran fogata encendida, iluminando todos sus contornos; dando gran susto a don Pedro y su acompañante.

Estos se persignaron y se pusieron a rezar, mientras el bote se balanceaba en medio del oleaje en forma suave y armónica…  la piedra de la iglesia encendida brillaba como una joya en medio de la oscuridad de la noche.


Una vez que controlaron el miedo, remaron acercándose a la playa, para ver si podían ver o escuchar lo que hacían estas almas ahí dentro. Una vez remado unos cien metros, acercándose hacia la piedra, el muchacho exclamó,Don Pedro, escucha algo!

Don Pedro aún no se reponía de la impresión y sacando el aliento se concentró y se puso a escuchar esos cánticos angelicales, a pesar que estaban muy distantes de la roca y en plena mar, se escuchaban hermosas voces que formaban un coro celestial, sin duda cantos religiosos, de profunda espiritualidad y sentimientos. Extasiados con las hermosas melodías, don Pedro y el muchacho, no se dieron cuenta del tiempo que había transcurrido, siendo inundados de profunda de paz y tranquilidad.

Al rato ¡Vieron salir de la roca las mismas imágenes blancas!...



Y, a medida que se iban alejando de la piedra, estas se iban apagando.

Cuando salió la última imagen, todo quedó en el más profundo silencio y oscuridad, solo se escuchaba el mar y su oleaje.


La procesión blanquecina siguió su camino y avanzó hacia la barra, y allí una por una fueron perdiéndose en las aguas inquietas, donde chocan el río Maule y el mar. Se cree que estas son las almas de todos los náufragos que han muerto en estas costas Maulinas.



Recopilación de: Alejandro Glade R.

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