miércoles, 11 de mayo de 2016

La pata del Diablo.



Fotografía de Sergio Campodónico 1930
La leyenda dice que un extraño hombre, llegó hace muchísimos años a la región del Cajón del Maipo. Totalmente vestido de negro, alto y apuesto con una mirada intimidante hacia los hombres e intrigante hacia las mujeres.  Famoso por enamorar a las bellas muchachas que siempre lo miraban. No se resistía ninguna mujer joven, un día lo encontraron seduciendo a la hija del alcalde. El problema fue que esa jovencita estaba destinada, para ingresar al convento de monjas.

Pasó el tiempo y el hombre negro seguía enamorando mujeres, se dedicaba solamente a la conquista de hermosas mujeres, con mucho éxito, por desgracia de los hombres de la zona.

Una noche de fuerte temporal, en el que el Cajón del Maipo parecía desmoronarse sobre sus cerros, por el sector de El Toyo, un hombre mojado y abandonado a su suerte golpeó las puertas del convento de monjas que por ese entonces había en el lugar.  Pidió por favor que le dieran refugio y alojamiento hasta que pasara la tormenta, era imposible seguir con esas condiciones climáticas.

Debido al verdadero diluvio la madre superiora accede a darle alojamiento al hombre, el forastero pasó el umbral de la puerta y se dispuso a pasar la noche en un cuarto contiguo a una despensa. A la madre superiora le llamó la atención las vestimentas del forastero, como también que el forastero no se dejara ver la cara, ocultándose detrás de la bufanda. Pese a la desconfianza  y a la inquietud de la madre superiora, el hombre fue conducido a la habitación en que pasaría la noche.

Cuando las religiosas habían conciliado un sueño profundo, el hombre de negro se levantó y, se dirigió hacia la habitación de una de las novicias, atravesando la pared,  la novicia era nada menos que la hija del alcalde. La iniciada se despertó asustada, y vio entre las tinieblas la figura de negro de un hombre que despedía olor a azufre, a la iniciada  se le escapó un grito, el que fue aplacado por la mano del hombre tapándole la boca con una mano, y huyó con ella en brazos, rodeado de una nube espesa en la que se escuchaban infernales gritos de almas en dolor.


La  madre superiora al escuchar el grito de su iniciada, salió al patio y vio al hombre de botas huyendo con la novicia que estaba siendo raptada. Rápida y  guiada por su fe, tomó un frasco de agua bendita y salió tras el demonio que poseía a la niña, le dio alcance y, gritando atrás Satanás, e invocando a Dios con la señal de la cruz, le lanzó el agua bendita. El diablo, liberó rápidamente a la víctima, y se transformó de inmediato en una enorme sombra alada con pies gigantes, el que huyó saltando el sector que separa el río de los cerros. Al hacerlo, con tal fuerza y rabia, dejó impreso en una roca del cerro, una enorme huella de uno de sus pies. Hoy en ese lugar hay un puente colgante en el lugar llamado  “El Toyo”, y hay una parada de autobús que recorre San Alfonso hasta Santiago, lugar donde perfectamente podemos ver la huella.

Recopilación de: Alejandro Glade R.



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